Vivir en paz, el primer anhelo de un pueblo con memoria

 

Ley de Reforma Previsional – Congreso – Lunes 18 de diciembre / Foto GDB /

La ‘Ley de Reforma Previsional’, recientemente sancionada por el Congreso deja varias lecturas posibles. Una de ellas fue lo difícil de su tratamiento que trajo aparejadas dos sesiones en diputados, luego de que hubiera logrado media sanción en el senado. Una fallida el jueves 14, sesión que debió ser interrumpida producto de los desmanes que se produjeron en el recinto y, en consonancia con ese clima, aquellos que ocurrían en la calle producto de los graves incidentes que tuvieron a la violencia como protagonista. Otra jornada parecida se vivió cuatro días después, el lunes pasado, con el tratamiento con éxito de la ley en la cámara, y la batalla campal que se libró en los alrededores protagonizada por grupos radicalizados que tienen lazos partidarios. Frente a ambas fechas y episodios es necesario hacer una pormenorizada lectura, por separado, si bien la sincronía de los acontecimientos vuelve difícil volverlos compartimientos estancos.

En pleno diciembre, el Gobierno propuso el tratamiento de la ‘Ley de Reforma Previsional’, una medida de por sí antipática, y más si se toman en cuenta las fechas, que vuelven sensibles a los sectores más débiles de la economía. Cierto es también que fue muy poco y mal comunicada por el oficialismo, tal vez con la intención de que pasara lo más desapercibida posible, y lo cierto que a juzgar por sus consecuencias emergió como uno de sus primeros errores, detrás de otro muy visible que fue la ausencia de búsqueda de amplios consensos para su tratamiento y posterior aprobación. Salir de una crisis de tamaña envergadura que no generó este gobierno sino que se gestó en las últimas décadas requiere del esfuerzo de todos y no de un solo sector, el gobernante. Debiera ser considerado como una ‘política de Estado’.

Más allá de esto, no sorprende la necesidad de su sanción, dado que el fuerte déficit fiscal hace que el Estado argentino deba conseguir créditos y endeudarse para hacer frente a gastos corrientes, como única opción posible que evite la emisión monetaria, ya que iría en contra de la estabilidad económica y generaría más inflación. En otros términos, si el país produce un gasto mayor a los ingresos que recibe tiene muy pocas soluciones posibles. Como objetivo a largo plazo se debe apuntar a aumentar los ingresos con mayor número de trabajadores en el sector formal de la economía y, al mismo tiempo, reducir el gasto público.

Hipólito Irigoyen y Solís / Foto GDB /

Mientras tanto, en este contexto y para todos, se vuelven tediosos aunque necesarios los reajustes que hay que realizar. Argentina, un país potencialmente rico, que tiene diez veces más territorio que Italia y la mitad de su población, y que está considerado por especialistas como el país más rico del mundo en recursos naturales ‘per cápita’, está empobrecida y con un Estado quebrado. Esto hace que las medidas sean imprescindibles más allá de que se pueda estar de acuerdo o no con las elegidas. Así se puede entender el pacífico rechazo de muchos sectores y la adhesión que encuentra en tantos otros. Hasta allí, el dilema en el que se debate el nuevo sacrificio del presente con la promesa de un futuro posible, frente a la conocida irresponsabilidad de no medir las consecuencias en el corto plazo que terminaría por volver inviable el pago de jubilaciones y pensiones, al seguir con el facilismo político de repartir sin mediciones de costos y gastos, un activo que debe primero existir para poder ser distribuido. La encrucijada sobrevuela como una gran verdad a todos los hombres de la política, pero moja los talones del oficialismo que sin poder apelar a la magia no debe ni puede demorarse en la toma de decisiones, ni tampoco debiera estar condenado a encontrar soluciones en soledad frente a una realidad presente, con la que otros colaboraron generosa y activamente en su creación en un pasado reciente.

En 2010, en un acto llevado a cabo en el teatro Coliseo, decía el ex presidente Néstor Kirchner:  “el pago del 82 por ciento móvil a los jubilados sería la quiebra del sistema y del país”, y cuestionaba “la actitud ‘intolerante’ y ‘enceguecida’ de la oposición en el Congreso para impulsar la medida”.  “¿Quién no quiere dar buenas noticias, quién no quiere el 82 por ciento móvil? Pero sabemos que eso sería la quiebra del sistema y del país. Algún día se podrá, hoy no se puede” agregaba, entonces.

Inmediaciones del Congreso – Solís al 100 / Foto GDB /

Como contra cara de la racionalidad que debe existir a la hora del debate legislativo, el clima que existió en la calle los días 14 y 18 de diciembre invita a la reflexión, sin facilitar rápidas respuestas. Si bien el derecho a manifestar en forma pacífica es no sólo legítimo, sino necesario, se vio vulnerado por algunos centenares de violentos que, según las declaraciones de varios dirigentes, eran el brazo ejecutor de una acción orquestada con el claro fin de interrumpir el tratamiento de la Ley en la Cámara de Diputados.

Destrozos en la Caja de Ahorro y Seguros – Hipólito Irigoyen 1700 / Foto GDB /

Si se recuerda aquella frase del General San Martín que decía: “Hace más ruido un hombre gritando que cien mil que están callados”, se podrá comprender que los autores del vandalismo de los últimos días, ganan un recortado protagonismo que no representa a la inmensa mayoría de un país, más aún cuando se sospecha que los hechos que tuvieron lugar en la plaza de los Dos Congresos fueron funcionales a una ‘resistencia’ impulsada por algunos sectores de la oposición. Por desgracia, sorprende que no haya existido un masivo pronunciamiento de repudio desde todo el arco político, y eso fortalece la hipótesis oficial. A diferencia de esto, muy distintos fueron los cacerolazos, expresiones vistas en la noche del lunes 18, llevadas a cabo por ciudadanos que solo hacían oír su descontento con la medida.

Solís e Hipólito Irigoyen – Anexo del Senado de la Nación / Foto GDB /

Cabe preguntarse, ¿Se puede admitir a la violencia como una expresión de la política? ¿Habremos aprendido de nuestra historia? Uno de los puntos de consenso para la gran mayoría de los argentinos fue y es desterrar la violencia para siempre, provenga de donde sea, y a cambio de esto la vigencia de una absoluto ‘estado de derecho’, garantizado por la ‘democracia’. Es el sistema el que a través de la Constitución Nacional y sus códigos, y de la justicia deben velar por los castigos concretos a quienes alteren la paz, valor central, base de la convivencia social.

La esquina tapizada de elementos arrojados por los violentos / Foto GDB /

Convertir a una plaza en un escenario bélico, tirar piedras, disparar con improvisados morteros caseros, pegar a inocentes, romper la cabeza de policías -hubo más de 250 heridos, entre ellos 120 policías-, romper comercios, saquearlos, quemar autos -uno de ellos de una discapacitada- no es una forma de protesta.

Solís al 100. Uno de los autos incendiados el jueves 14 / Foto GDB /

Agredir a periodistas indefensos de todos los medios, a alguno de ellos con cenizas calientes tiradas a la cara, son expresiones propias de la barbarie. Constituyen ese clima de zozobra que el país ya conoció en los ’70, situación a la que el ciudadano promedio no desea volver.

Agresión a Julio Bazán / Foto: Grupo Clarín /

Es en un clima de ‘PAZ’, en el marco de la racionalidad, y en el imperio de ‘la ley’, como se deben dirimir diferencias, debatir, acordar, construir consensos. Y el Parlamento es el lugar en el que los representantes del pueblo deben sancionar las leyes, ‘y no en la calle’, a pesar de que algunos legisladores opositores contradigan  estas expresiones.

Un transeúnte contempla con asombro el escenario / Foto: GDB /

Es necesario repetir hasta el hartazgo: “Los pueblos que no aprenden de su historia están condenados a repetirla”. Para superar el pasado, es necesario que el Poder Judicial ejerza su función. Identifique a los protagonistas de desmanes, sancione, y devuelva a su pueblo la confianza. Vivir en ‘PAZ’, no puede, no debe convertirse para toda una ciudadanía en una ilusión perdida, sino en el primer anhelo de un pueblo con memoria. ‘Será justicia’! 

                                                                                  Guillermo Daniel Balbi / Periodista

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