Conferencia del Dr. Albino: “Hagamos un gran país”

Dr. Abel Albino / Foto: Horacio A. Agulla

 

La sala dispuesta para la conferencia está colmada. A los miembros del club se le agregan amigos, vecinos, y curiosos que desean conocer al personaje, y logran conformar un público muy heterogéneo. Es presentado. Pasados los aplausos que se le ofrecen a guisa de cálida bienvenida, el disertante rompe el silencio con una broma. Acorta así cualquier distancia. Encuadra una charla informal y amena, cuyos rasgos más salientes serán el conocimiento profundo sobre desnutrición infantil, tanto como de historia argentina. Quedará expuesto por lo multifacético de su personalidad que combina dotes de estadista, el fuerte humanismo de un espíritu misionero, una evidente humildad muy distante de una impostura, y el uso del sentido común, rasgo pionero en sus razonamientos y respuestas.                                                                                                                                                                     “Yo hago desnutrición y pobreza extrema”, y para sorpresa de todos, agrega: “hay mucha gente que no entiende por qué hago esto, y yo los comprendo, porque a veces yo mismo no sé porqué hago lo que hago”. El silencio se vuelve notorio en medio de alrededor de cuatrocientas personas y permite advertir el interés en escucharlo. “Estaba en España, supuestamente encantado de la vida, pero en realidad no me hallaba en paz. Estudiaba biología molecular en gastroenterología. Al ver la diferencia entre esos países tan chicos y poderosos, y el nuestro tan grande, rico y empobrecido, me angustiaba. Un día encontré en una calle de la universidad un diario tirado con una reflexión de la Santa Madre Teresa de Calcuta. Respondía al periodismo, sobre la paz. Decía ‘El fruto del silencio es la oración; el fruto de la oración es la fe; el fruto de la fe es el amor; el fruto del amor es el servicio; y el fruto del servicio es la PAZ’. Fue la señal. Entendí que debía volver. Estaba en el futuro cuando en realidad soy hijo de un país que no tiene resuelto su pasado; podía subirme al tren del desarrollo y partir y salvarme yo, pero sabía que mucha gente se quedaría. Como médico de niños, sentí que si existía un solo chico que me necesitara, lo digno y honorable era regresar. Voy a servir, me dije. A los pocos meses escuché al Papa Juan Pablo II en una homilía: ‘Sigan el ejemplo de San José María. Asistan a los más pobres, a los más necesitados’. ‘Servir’ decía la Santa Madre, y ‘a los más pobres’, el Papa. Me ocuparé de los débiles  y de pobreza extrema. Al llegar a Mendoza, organizamos un curso sobre debilidad mental y lo invitamos a Fernando Monckeberg, médico pediatra, referente mundial en ‘desnutrición’, doctor en Biología Nutricional, docente en la Universidad de Harvard, y economista. Había sido profesor mío en el hospital Calvo Mackenna, de Chile. Supe entonces que estaba delante de uno de los hombres más brillantes que haya conocido. Habló sobre la única debilidad que se puede prevenir y revertir, la única generada por el hombre: ‘el desnutrido’. Así nos enteramos de que en América Latina existe un 40% de familias que viven en pobreza crítica, y un 20% que padecen pobreza absoluta; esa que no le permite a un individuo ganar lo que necesita, para que sus hijos tengan lo que deben comer. Son en total alrededor de 60 millones de niños. Es sorprendente. Vivimos en un país que produce alimentos para 400 millones y podría cuadruplicar su producción, y no podemos darle de comer a la totalidad de la población. Tenemos diez veces más territorio que Italia y la mitad de su población. ¿Qué nos pasó?La pregunta golpea como una bofetada. Duele. “Hace 40 años la pobreza era del 5%, hoy del 30%. Yo no critico a nadie. Hay que amar al errado y odiar el error. Pero debemos comprender que hemos cometido gruesos errores. Hay que modificar eso, de una buena vez y por todas”.

La reflexión lo aprueba como estadista. “Argentina es el único país latinoamericano con tres ‘Premios Nobel’ en ciencia. Houssay en el ’47, Leloir en el ’60, y Milstein en el ’84. Tenemos tantas cosas buenas, hagamos un gran país. Podemos hacerlo si todos juntos trabajamos con amor, patriotismo y sensibilidad, respetando los apellidos que llevamos. No son nuestros, eran de nuestros abuelos que amaron este país. Eran de nuestros padres y los llevan nuestros hijos.

Por espacio de más de veinte minutos, recita de memoria versos enteros del ‘Martín Fierro’ que reflejan nuestra idiosincrasia. Nos permiten entenderla. Pone especial énfasis en rendir homenaje a la mujer, al declamar los versos escritos por José Hernández, desde el 3012 hasta 3024.                                          ’Pa servir a un desgraciado, siempre la mujer está; cuando en su camino va, no hay peligro que la asuste, ni una a quien no le guste una obra de caridad. No se hallará una mujer, a quien esto no le cuadre, yo alabo al eterno padre, no porque las hizo bellas, sino porque a todas ellas, les dio corazón de madre”

“Yo soy maestro. Después me hice médico. Amo ser maestro, estoy orgulloso de eso. Admiro profundamente a Sarmiento”. Y casi discretamente, con espíritu docente, desarrolla una magistral clase de historia argentina. “Hizo 1.117 escuelas públicas  y 400 privadas, luego de pedir el primer censo nacional y constatar que el 80% de la población era analfabeta. Educar, educar, educar, escuelas, escuelas, escuelas. Hay dos cuerpos celestes que llevan su nombre, y en Estados Unidos, en su honor, el 11 de septiembre se celebra el ‘Día del Maestro’. ¿Por qué? Porque el primer país del mundo en quebrar el analfabetismo fue la República Argentina, cuando ese hombre maravilloso dijo: ‘Hay que hacer de la Patria una gran escuela’. Sin embargo, a veces se suele escuchar ‘muera Sarmiento’, y yo me río, porque sigue vivo. ¿Quiénes son los muertos, entonces? –Y cita a Gustavo Adolfo Bécquer:

‘No son los muertos lo que en dulce calma la paz disfrutan de la tumba fría,   muertos son los que tienen muerta el alma y viven todavía.                                              No son los muertos no, los que reciben rayos de luz en sus despojos  yertos; los que viven con honra son los vivos, los que viven sin honra son los muertos.                          La vida no es la vida que vivimos; la vida es el honor, y es el recuerdo; por eso hay muertos que en el mundo viven y hombres que viven en el mundo, muertos’.

“Mis charlas no son para pelear con nadie. Son para reflexionar, para unir. Eso me gusta y me interesa”. Sigue un extenso aplauso. “Otro hombre brillante fue Juan Bautista Alberdi, ‘Gobernar es poblar’. Metió seis millones de inmigrantes. ¿Entienden? Es el equivalente a la población de varias provincias argentinas. Y uno se pregunta: ¿Qué tenían en la cabeza y en el corazón esos hombres para hacer esas obras gigantescas? Nosotros hoy no podemos pintar los edificios que nos dejaron nuestros abuelos, si es que ya no los vendimos! ¿Saben qué decía Alberdi? ‘Tenemos que combatir la pobreza y la ignorancia, porque la pobreza se vende y la ignorancia se equivoca’. Así llegamos al 1900. Argentina era el 7° país del mundo. Cuando el Rockefeller Center se empezó a construir el edificio Kavanagh en Buenos Aires ya existía. Cuando la Stándard Oil construyó su primer kilómetro de oleoducto Mendoza ya tenía 35 kilómetros de oleoductos. Cuando la empresa Ford decidió abrirse al mundo tuvo sucursales en París, Londres, y Buenos Aires. Cuando Harrods abrió una sucursal, la única, la tuvo en Buenos Aires. Cuando el Banco de Boston abrió su primer sucursal fue aquí. Cuando el 3 de diciembre de 1913 nacieron los subterráneos solo los tenían: Moscú, París, Londres, Nueva York y Buenos Aires. El ingreso per cápita argentino era el doble del percibido en EEUU. Los libros de historia decían que el nuestro iba a ser uno de los países más grandes del mundo. En 1950 el producto bruto argentino era tres veces superior al de Italia, o al de España. Hoy es cuatro veces menor. Así llegamos a la crisis del 2001, donde se fundió el país. Fue la crisis económica más grande de la historia argentina, y el default más importante de la historia económica del mundo. Logramos lo imposible: hundir un corcho. Hemos quebrado a uno de los países más ricos del planeta. El Dr. Díaz Araujo, experto en Recursos Naturales, docente en la Universidad Nacional de Cuyo, sostiene que Argentina es el sexto país del mundo en riqueza, y el primero en riqueza en relación a sus habitantes. ¿Qué pasó con nosotros? ¿Será posible organizar algo que funcione?”

Comienza a relatar la génesis de la Fundación Conin. “Nosotros en Conin, hicimos lo mismo que los japoneses luego de que los bombardearan. Ellos, con el afán de reconstruir su país se preguntaron, ¿Quiénes son los mejores en acero, en el mundo? Los suecos. Bueno, el diez de los suecos será el cero nuestro. ¿Y en relojes? Los suizos. Ese será nuestro piso. ¿Y en autos? Los norteamericanos. Partiremos de ahí para arriba. ¿Y en óptica? Los alemanes. Su mejor producto será nuestra base. Al cabo de treinta años le vendieron acero a los suecos, relojes a los suizos, automóviles a los norteamericanos, y cámaras fotográficas a los alemanes. Nosotros nos preguntamos, ¿Quién es el mejor del mundo en desnutrición? Monckeberg, respondimos. Él será el cero nuestro. Pero no pasaron treinta años. Pasaron tres, y vino a Mendoza. A pesar de que no podíamos terminar el hospitalito para desnutridos, no íbamos a abandonar a esa gente una vez que ya los habíamos entusiasmado, progresábamos como podíamos. Así, sin querer, le fuimos dando una respuesta concreta a cada problema, e hicimos el primer ‘Centro de Prevención de Desnutrición del mundo’. Pero no nos habíamos dado cuenta de lo hecho. Ya en Mendoza, el doctor Monckeberg le preguntó a una señora: ¿Qué es Conin  para usted? Ella respondió: ‘Conin es una luz en la oscuridad en que hemos vivido siempre, porque la pobreza, la marginalidad y el analfabetismo lo son. Cuando se ven cuatro pares de ojos que piden comida y usted no la tiene todo es muy oscuro. Pero llegó Conin con su luz y su alegría y nos cambió la historia’. Allí el médico trasandino me dijo: ‘Abel, vos me has superado porque yo hice tratamiento del desnutrido, pero vos has hecho prevención y has ido con tu brazo más lejos que yo. Estás cerrando los grifos que producen la inundación. Es mejor prevenir que curar. Los tuyos son Centros de Promoción Humana’. A los tres meses llega a Mendoza una delegación de Estados Unidos a darnos un premio. Les preguntamos cómo conocían nuestra labor. Nos dijeron que no sabían de nosotros, pero que al haber ido a Chile a premiar al Dr. Monckeberg, éste les agradeció y les dijo: ‘Yo tengo muchos premios ya. Deseo que se lo entreguen a alguien que realizó una experiencia sin antecedentes’. Por ende, vinieron a otorgarnos el galardón. Recién entonces supieron de nuestra obra. Al estudiar el modelo, nos dimos cuenta de que la desnutrición es el resultado final del subdesarrollo. De nada sirve que alimentemos a un chico si lo devolvemos al ambiente hostil del que proviene. Dijimos, si queremos quebrar la desnutrición, lo que debemos hacer es un abordaje integral de la problemática social que le da origen al subdesarrollo: educación nutricional, educación para la salud, lactancia materna, jardín maternal, jardín infantil, estimulación temprana, escuela de artes y oficios, programa de educación agraria, lectoescritura para analfabetos, ropero familiar, club de padres, escuela para padres, documentación y legalización de la familia, alcoholismo, inmunizaciones, agua corriente, agua caliente, cloacas, luz eléctrica,… así se combate la desnutrición”! El énfasis de sus palabras logra ser tapado por la estridencia de un cerrado aplauso que los concurrentes le ofrecen de pie. “El hambre es un síntoma. La desnutrición es una enfermedad individual y social profunda. Su tratamiento es multidisciplinario, y puede llevar una generación. Por eso se habla de hambre, pero nadie habla de desnutrición”. Hace algunas bromas al respecto de situaciones que le tocaron vivir. En algunas provincias valoran mi visita y me dicen: ‘No tenemos desnutridos en nuestras comunas. No obstante, muchas gracias por haber venido. Por favor, tenga cuidado con el escalón, doctor’. “Así es como me echan”, agrega sonriendo y sin perder el humor.

Empieza a describir su misión. “Cualquier individuo que trate de organizar a una sociedad detrás de un objetivo común debe reunir tres requisitos: 1° Una determinante circunstancial que le sea favorable; 2° Valores, y 3° Compromiso. Existe una determinante circunstancial que es la desnutrición. ¿Podemos quebrarla? Debemos hacerlo. Luego, valores. Mucha gente dice que se han perdido. No es así. Se han perdido las virtudes. Valor es lo que se declama, virtud lo que se encarna. La solidaridad, el valor. Ser solidario, la virtud. En tanto el compromiso es más difícil. La gente se involucra pero no siempre se compromete. Viene un señor y me dice: ‘Doctor, muy bueno lo suyo. Siga así’. Ya colaboró”. El auditorio ríe frente al señalamiento de una gran verdad. Va mechando algunas bromas que hacen más llevadero un tema áspero, difícil, que describe los mejores aspectos del ser humano y, al mismo tiempo, su peor condición. “¿Qué es la solidaridad? ¿Llegará el día en que todos entiendan que hay una sola manera de salir de la extensa red de violencia y odio con que está envuelto el mundo, que es retornar a la solidaridad, donde los países más ricos ayudan a los más pobres a desplegar sus potencialidades para tener igualdad de oportunidades? ¿Quién dijo eso? El monumental Papa Pío XII  en Roma en 1944. Fue el primer hombre en poner el tema de la solidaridad sobre el tapete. El patriotismo, el valor. Soy patriota, la virtud. ¿Qué es el patriotismo? Reconocer lo que la patria nos ha dado y nos da, contribuir al mantenimiento de los valores que representa y hacer nuestros los afanes nobles de todos los hombres de todos los países de la tierra. Cuando Albert Sabin, judío polaco, inventa la vacuna Sabin fue un orgullo patriótico para mí, aunque yo no sea judío ni polaco, porque toda la familia humana dio un salto gigantesco hacia adelante, detrás de la figura de este hombre colosal que donó sus derechos de autor a todos los países del planeta para que la vacuna sea gratuita. Hay una anécdota que sirve de ejemplo. Le dio un infarto a Sabin en Sicilia, Italia. Lo llevaron a un hospital, era un día domingo. Lo recibió un médico de  28 años. Recibe a un ‘Premio Nobel de Medicina’, infartado. En forma inmediata, se comunicó la Marina de los Estados Unidos y lo fueron a buscar. Un coronel médico llegó y se presentó ante el joven director del hospital. Le manifestó el motivo de su visita. El italiano le dijo ‘no está en condiciones como para que se  lo entregue’. El militar norteamericano le dijo que tenían un portaviones esperando y que debía llevarlo. El médico local se volvió a negar. Entonces el coronel le dijo ‘este hombre es ciudadano norteamericano’. Y el otro respondió: ‘está equivocado. Este hombre es ciudadano del mundo, y por ende nos pertenece tanto a nosotros como a ustedes, y no se va a mover de acá hasta tanto no se restablezca’. Una semana después, el Dr. Sabin se retiró caminando”.

Comienza a referir al sueño como la columna vertebral de una organización. “Si sueñas, y crees en los sueños, corres el riesgo de poder lograrlos’, decía Walt Disney. ‘Soñad y os quedaréis cortos’, San José María. Es cierto. Nosotros en todo lo que soñamos nos quedamos cortos. Nunca pensé que Conin iba a ser una organización internacional, ni que Conin hoy, iba a tener 70 centros en Argentina, y 9 más fuera del país. Tenemos cuatro academias, y seis doctorados. Tampoco supuse que recibiríamos el ‘Premio Mataix’ al ‘Mejor Emprendimiento Institucional en Nutrición Comunitaria del Mundo’, ni que seríamos galardonados con el privilegio de ser ‘Órganos Consultivos de las Naciones Unidas’. ¿Vieron lo que somos capaces de hacer si nos unimos? Esto no es nuestro, es de todos. También de organismos internacionales que nos han ayudado mucho, y en buena hora. Cuando me presentó el Dr. Avelino Porto en la Academia Nacional de Educación al nombrarme miembro de número, ocupando el lugar de Rodolfo Rivarola, el último hombre de la generación del ’80, yo no podía creer lo que decía sobre mí. Refería al Albino médico, literato, sociólogo, antropólogo. Pensé que habría otro Albino. ¿Quieren saber qué sentí? Vergüenza. Y sigo sin creerlo. Somos instrumentos de Dios. Decía Don Álvaro de Portillo: ‘Yo soy la batuta en las manos del maestro’. Eso sentí, cuánto lo entendí. Tuve la suerte de conocerlo. Y tenía razón San José María. En todo lo que soñamos nos quedamos cortos. En estos días, por primera vez en 22 años, desde que se fundó de Conin, fuimos llamados por el gobierno nacional para firmar un acuerdo de cooperación. Cuando fui les dije: ‘Hay que proteger a la familia, la única escuela de humanidad que existe. ¿Dónde aprende un varón a ser varón si no es mirando a su padre? ¿Dónde aprende una mujer a ser mujer si no es mirando a su madre? ¿Dónde se aprende a respetar a un anciano si no se tuvo un abuelo, o a un enfermo si no se vivió en ese ámbito; o a una criatura si no se tuvo a un hermanito? ‘La familia, la familia, la familia, ‘Patrimonio de la humanidad’!”

Una cita de Eva Duarte de Perón. Lee un fragmento de su libro, ‘Gobernar es poblar’. “Nuestro siglo no pasará a la historia como el siglo de las guerras mundiales, ni el de la desintegración atómica, sino con otro título mucho más significativo. ‘El siglo del feminismo victorioso’, el cual se apoya sobre dos pilares que constituyen el afán de la mujer argentina. El valor insustituible de la presencia de la mujer en el hogar y la vigencia efectiva de la indisolubilidad del vínculo matrimonial, porque las mujeres argentinas sabemos sin necesidad de sutiles raciocinios que sólo en el hogar y en el matrimonio indisoluble el amor puede lograr su más plena expansión’ -Eva Duarte de Perón a las mujeres catalanas en 1946- Miren que clarita que la tenía. ‘La promoción de los derechos humanos sigue siendo la estrategia más efectiva para la eliminación de las desigualdades entre países y grupos sociales y para incrementar la seguridad, pues las víctimas de las penurias y la desesperanza, cuya dignidad humana se viola con impunidad son una presa fácil del llamado a la violencia y pueden convertirse en violadores de la paz”.

Aborda el tema de la inseguridad. “¿Ustedes creen que la inseguridad se combate con más policías, o con armas con miras telescópicas? No. Se combate con familia, con amor. El niño para cablear su cerebro necesita un traguito de leche y un beso. Si yo no lo beso, le muerdo el cachete, si no le hago hacer tortitas, no exacerbo su curiosidad, no estimulo su imaginación, no lo engancho con la vida, no tendré un cerebro cableado. El niño necesita del estímulo amoroso, repetido y frecuente”. El auditorio se sorprende y observa al disertante con incredulidad. Es generador de ternura cuando comienza a cantar una canción de cuna, para que un niño se duerma. “Tres chanchitos desobedientes sin permiso de su mamá se tomaron de la mano y se fueron a pachar” -Simula hasta una pronunciación infantil- “La criatura se acostumbra y al día siguiente quieren que le canten de nuevo. Sin ir más lejos, eso ocurre con mi nieto. Yo me quedo extasiado mirándolo. Es holandés. Cuando lo traen a mi casa me busca y repite: ‘Opa, Opa’, que quiere decir abuelo en holandés. Por eso es que un amigo mío suele decir: ‘el Albino es un tipo muy inteligente; pregúntenle cómo lo llama el nieto”. En complicidad con el auditorio, suelta una carcajada.  “Eso lo describe excelentemente Terry Brazelton, de Boston, que es un prestigiosísimo pediatra y autor de varios libros. Hace 10 años, competimos por un premio. Salimos empatados en dos oportunidades, y en la tercera el presidente del jurado votó por él y me ganó. Me llamó y felicitó”.

Refiere a la labor de Conin. “Nosotros hacemos esto, y lo hacemos con pasión, entrega, y amor. Yo renuncié al hospital. Me quedé sin suelo, jubilación, obra social, salario familiar, licencias, vacaciones, y aguinaldo. La verdad es que soy una calamidad. Pero eso le dio credibilidad y respaldo a Conin. No cobro sueldo en la institución, ni  viáticos, ni hoteles, ni pasajes. Así crecimos, crecimos y crecimos, y hoy podemos decir que estamos en 70 centros, de 18 provincias de Argentina. Han salido ya alrededor de 20 mil chicos de nuestras manos, y 1.500 desnutridos severos del hospital de Mendoza, único en el país, con solo un caso de mortalidad. También tenemos centros en Paraguay, Perú, Guatemala, México, y Gambia, en África ecuatorial, donde estuve hace unos días. Trajeron a siete chicos para que revise, y todos eran desnutridos de tercer grado y para internar. Me golpeó el corazón”.   

Muestra diapositivas de escuelas que ha visitado. Se puede observar la precariedad de las instalaciones. “¿Saben qué decía Sarmiento hace 150 años? ‘Las escuelas deben elegantes, hasta con cierto lujo. Hay que tirar a la gente hacia arriba’. No es correcto que lo hagamos de otro modo”.

Comienza a mencionar los cinco pasos para ‘una gran Nación’. “¿Cuál es la salida del país? Si no damos estos cinco pasos el país no tiene salida. Primero: ‘preservar el cerebro dentro del año’. El cerebro es el órgano que más rápidamente crece. Pesa 35 gramos si es un desnutrido severo, con posibilidades de viabilidad. Es el equivalente a seis monedas de un peso. Si es un recién nacido normal, 350 Grs. Me suelen preguntar, ¿Cuánto tiene un chico cuando camina, al año? Alrededor de 900 ó 950 Grs, casi un kilo, es decir el equivalente a 150 monedas de un peso. ¿Y de adulto? Un kilo, doscientos -1,200 Kg.- El crecimiento gigantesco lo hace en el primer año de vida. Ahí está la clave del desarrollo de un individuo, de un pueblo, de una sociedad, de una nación. El primer año marca la suerte de ese sistema nervioso central. Si nacemos y morimos con la misma cantidad de células, ¿Por qué aumenta el peso? Porque cada neurona, de las cien a ciento cuarenta mil millones de neuronas que tenemos en los tres milímetros de espesor de la corteza cerebral, emite hasta quince mil cables, si hay buena alimentación, en un 50%, y buena estimulación, otro 50%. Si se alimenta y estimula en la misma proporción se hará un desarrollo adecuado, porque somos cuerpo y alma. Los seres humanos necesitamos ‘amor’. Eso lo puede dar ‘la familia’, o quien en su reemplazo se proponga ocupar ese lugar de ese papá ausente, o de esa mamá que falleció. Se trata de contención. Al niño desnutrido hay que bañarlo, peinarlo, vestirlo, y mimarlo. El hombre necesita del cobijo. ‘Ovillito de mi corazón que en mi seno concebí; ovillito primoroso, duérmete apegado a mí’. En el primer año se cablea el 80 % del cerebro que tendremos de adultos. En ese período el cerebro crece a razón de un centímetro por mes. Es decir, en doce meses crece doce centímetros. Nace con lo que tiene el canal del parto, alrededor de 35 cm. Al año la cabecita de la criatura tiene 47 cms, o sea que registró un crecimiento de doce cms. En el segundo año crece solo 2 cms. Uno en el primer semestre, cuando se cierra la ‘fontanela anterior’ y el cráneo pasa a ser una unidad sellada, y otro en el segundo. Y lo hecho, hecho está y es irreversible. El primer año es el único período en que se puede lograr eso. Luego no hay posibilidades. Siempre hay gente que niega esto. Pasado ese lapso, el desnutrido tiene daños físicos, psíquicos, metabólicos, eléctricos. Aprenden a sumar o a restar, se desarrolla el cerebro un 20 ó 30%, pero nunca aprenderá a multiplicar o a dividir, nunca entenderá el Teorema de Pitágoras, y jamás irá a la universidad. Y con él nos quedamos todos. ‘La principal riqueza de un país es su capital humano, y si ese capital está dañado el país no tiene futuro. Es el recurso humano dañado por la pobreza, la miseria, y la injusticia, lo que cercena nuestra posibilidad de crecimiento y desarrollo’. Europa salió de sus dos guerras absurdas porque el intelecto estaba intacto. Allá pobreza externa, se dañó lo material. Eso se rehace. América Latina como región no sale del atraso crónico en el que está porque el intelecto está dañado. Allá pobreza externa. Aquí pobreza interna: daño socio génico biológico. Mala cosa. Este es el principal problema argentino y latinoamericano, y el escándalo del mundo. Eso les dije a las autoridades del país. Si resuelven esto solucionan todo. El desarrollo es una consecuencia. ‘1° Preservar el cerebro dentro del año. 2° Educarlo. 3°Agua corriente y caliente. 4° Cloacas. 5° Luz eléctrica’. Aseguro y lo firmo que si hacemos eso somos una potencia en 20 años”.

Refiere a un modelo de país ideal. Es el caso de Finlandia. “Un país interesante es Finlandia. Tienen 0% de corrupción y analfabetismo; educación obligatoria hasta los 16 años, secundario completo; y acaso el dato más importante: Finlandia nació el 6 de diciembre de 1917. Cumplen 100 años y hace más de 20 que es uno de los primeros países del mundo. ¿Dónde pusieron el acento? Preservaron el cerebro y luego lo educaron. Eso es todo. Luego, el desarrollo es una consecuencia. Nadie anda en cosas raras. La criminalidad disminuye mucho con la educación. Eso lo describió Sarmiento, que era autodidacta, en un libro monumental que escribió cuando tenía 37 años, que se llama  ‘De la educación popular’. Recomiendo su lectura. Sobre todo en la parte en que refiere al porqué una mujer es docente, y dice que es así porque Dios le ha dado esa calidad para llegar al corazón de los chicos. Es precioso ese capítulo”.

La educación. “La educación es una semilla maravillosa, pero toda semilla para fructificar necesita un sustrato anátomo fisiológico, anatomo funcional donde se siembre la educación. Eso es un cerebro intacto. Si no hay cerebros intactos no hay que cosa educar”.

Oficios. “Debemos tener a chicos aprendiendo sobre soldaduras y otros oficios. Hay que sacarlos de la calle para que no sean candidatos a la droga. Hay que volver a las escuelas de ‘artes y oficios’ que no sé porqué las cerraron”.

Citas. “¿Saben qué decía el primer ministro de salud que tuvo Argentina en el primer gobierno de Perón, el doctor Ramón Carrillo? ‘Los hongos, los virus y las bacterias como causas de enfermedad son pobres causas’, al lado del daño gigantesco que producen la falta de cloacas. Eso mismo lo vi en mi reciente viaje a África. Chicos a los que les salían de la cola un ramillete de parásitos, que se movían. No lo podía creer. La verdad me angustié mucho. Me hizo mal”.

Agua. “¿Saben qué decía Sarmiento? ‘No hay derecho que una persona no tenga agua corriente en su casa’. Está quien dice: ‘Son extranjeros, doctor’. Les respondo. ‘¿No dice el Preámbulo de la Constitución que este es un país abierto para todos los hombres del mundo de buena voluntad, que quieran habitar el suelo argentino, invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia? ¿No eran extranjeros nuestros abuelos y bisabuelos? ¿Por qué para nosotros queremos una cosa y para los demás otra?”

Luz eléctrica. “¿Saben qué decía Sarmiento? ‘No hay derecho que una persona quede ciega luego de las seis de la tarde’. Entren a un rancho pasada esa hora. Después cuéntenme qué vieron y hablamos de pobreza. Invito a que recorran cuatro, diez, o quince ranchos y luego charlamos. Cuando yo lo veo, salgo diciendo ‘tenemos que hacer algo’! En Mendoza, en invierno, veo a chicos durmiendo en un pozo en la tierra, tapados por un perro por el calor que les da la sangre caliente del animal. No tienen casa y el techo es un nylon”.     

Revista Lancet. “Nosotros hicimos cuatro trabajos de investigación  junto con la Universidad de York, en Gran Bretaña; con la Universidad de Harvard, en Estados Unidos; con la Universidad de Barcelona, de España; y con el Fleni, de Escobar, provincia de Buenos Aires, Argentina. A York le preguntamos, ¿es útil lo que hacemos para el individuo, la familia, la comuna, la provincia, y para el país, o yo le estoy dando la galletita a un chico, salgo en la foto, y obtengo patente de bueno? Los ingleses nos respondieron: ‘Nuestros resultados sugieren fuertemente que la desnutrición lleva discapacidad a largo plazo. Esta evidencia junto con los conocidos efectos a corto plazo de la desnutrición es suficiente para dar prioridad a prevención de desnutrición, en programas nacionales de salud, educación, y las agendas económicas de los países de bajos y medianos ingresos’. Nos da absolutamente la razón y replica lo que nosotros venimos gritando hace 24 años”.

Políticas de Estado. “Voy a citar dos ejemplos. Uno de ellos. Tuve una conversación en Mar del Plata, con la Ministro de Relaciones Exteriores de Nueva Zelanda. Le pregunté: ‘¿Cómo hizo su país para salir adelante?’ Ella me respondió: ‘Es sencillo. Un día sábado, anterior a las elecciones, nos reunimos en mi casa los cinco candidatos a ganar las elecciones en el país, y trazamos las políticas de Estado para los próximos años. Somos cinco personas distintas, de variadas extracciones. Pero tenemos en común la nacionalidad, y desear lo mejor para Nueva Zelanda. Cual de nosotros gane no importa. Somos todos hermanos’. Otro ejemplo. En una reunión de la Academia Nacional de Medicina, tuve la oportunidad de conversar con el profesor Abraam Sonis, prestigioso médico epidemiólogo, que fuera Decano de la Facultad de Ciencias Médicas  de la Universidad Maimónides, y autor de los libros de Epidemiología de los que estudiamos todos los alumnos de Medicina de habla hispana del mundo. Me dijo: ‘Lo que han hecho ustedes es brillante. ¿Por qué? El conocimiento científico es siempre una espiral ascendente. La base la tenía que hacer alguien. Monckeberg, ‘Centros de Tratamiento’. Si Chile no lo hacía, el país se incendiaba. O trataban los niños o se quedaban sin Chile. Pero la voluta de ascenso la han hecho ustedes con los ‘Centros de Prevención’, porque en medicina es mejor prevenir que curar. Hay una sola manera de superar su trabajo, doctor. Solo lo puede hacer el político que se dé cuenta de ello, y haga de esto una política de Estado”.

La decisión de continuar hasta erradicar la desnutrición nfantil. “Vamos a hacer tantos Conin como sean necesarios, y algún día si Dios quiere y la Virgen Santísima, el día más feliz de nuestras vidas, va a ser cuando cerremos el primero, y hayamos erradicado el flagelo”.

Los logros. “Eso nos pasó en Salta, con Urtubey, que hizo hasta el Ministerio de la Primera Infancia. Luego firmó también Closs, en Misiones. Y ahora nos llamó el gobierno nacional. Estamos muy contentos con que así sea. ¿Qué queremos? Una gran nación, en la que cada chico pueda desplegar su potencial genético y tener igualdad de oportunidades. Debemos terminar con el aborto, la prostitución y la pornografía infantil, que mutilan el rostro de nuestra civilización. Debemos procurar que cada chico tenga una escuela donde ir, un agente sanitario que lo asista, y una dieta equilibrada que le posibilite un desarrollo físico y mental adecuado. Esto ya no depende de las posibilidades físicas o financieras, sino que debe ser una cuestión de prioridad política. Hagamos una gran nación. Trabajemos todos juntos como hermanos que somos, los gobiernos, las organizaciones no gubernamentales, el empresariado, las universidades, las iglesias, y la comunidad toda, y así saldremos adelante. ‘Vivir no es solo existir, sino existir y crear, saber gozar y sufrir, y no dormir sin soñar. Descansar, es comenzar a morir’. No estamos para descansar. Estamos para hacer grandes cosas, nobles cosas, gigantescas cosas, todos juntos. Conin no es una cosa grande,…CONIN es una cosa inmensa!!! Bienvenidos a Conin! Muchas gracias.-

Luego de una hora y cuarenta y cinco minutos, cierra la conferencia con cierta emoción que se le dibuja en el rostro. No puede ocultar su satisfacción por el interés que logró despertar. La sala lo ovaciona de pie. Lo tiene merecido. El grito del abogado defensor de los derechos del niño universal se eleva hoy más alto que nunca al emitir su mensaje. Desde hace 24 años su portador, el doctor Abel Albino, advierte que el sueño de posibilitar a las criaturas del planeta la igualdad de oportunidades en su desarrollo está cada día más cerca de ser una realidad. El maestro de escuela, que luego se hizo médico, desarrolla su misión. En todos los confines del mundo, como las grandes voces de la humanidad portadoras de los mensajes de la conciencia,  su voz se llega a escuchar !

 

Guillermo Daniel Balbi  / Periodista

Sábado 7 de noviembre de 2015                                                                                            Centro Cultural Sureda – Caballito                                                                                          Ciudad Autónoma de Buenos Aires                                                                                                 República Argentina

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