Biografía del Dr. Abel Albino

Biografía del doctor Abel Pascual Albino

Nació en Ituzaingó, Partido de Morón, el 28 de noviembre de 1946. A sus cuatro años, la familia decidió volver a Mendoza.

Su padre siempre le decía: “Tenés que querer estas piedras y estos sauces, porque nos dieron todo. Donde entramos, la gente nos quiere y nos respeta”.

Luego de recibirse de médico en 1972, en la Universidad de Tucumán, viajó a Chile a especializarse en Pediatría, título que obtuvo en 1973, y años más tarde, en 1987, realizó el doctorado.

Viajó a España a especializarse en ‘biología molecular en gastroenterología’, en la Universidad de Navarra. Pero no se hallaba en paz. Un buen día encontró un diario tirado en la calle. Lo recogió y leyó la conocida máxima de la Santa Madre Teresa de Calcuta que decía: “El fruto del silencio  es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. Y el fruto del servicio es la PAZ”. Lo movilizó. Sintió así un primer llamado. Volvió al país sin saber cómo y por dónde comenzar.

Otra vez en el primer mundo, en Italia, el 17 de mayo del ’92, escuchó al Papa Juan Pablo II hacer una convocatoria a luchar por los más débiles, por los pobres. Esa segunda oportunidad lo decidió definitivamente. Entendió el motivo de sus angustias. Estaba en Europa y hacía una especialidad del futuro, cuando provenía de un país que no tiene resuelto su pasado, pensó. Sabía que podía subirse al tren del desarrollo y partir, pero era consciente de que muchos hermanos quedarían en el camino. Sintió, como médico y pediatra que lo digno, lo honorable era volver.

Empezó a luchar por los débiles mentales. Reparó en el modelo chileno del prestigioso Dr. Monckeberg que hacía tratamiento sobre desnutrición. Intentó emular esa labor en Mendoza y advirtió que en medicina es mejor ‘prevenir que curar’. Casi sin darse cuenta dieron inicio al primer ‘centro de prevención’ de desnutrición del mundo. Tiempo después sería elogiado por Monckeberg, quien en Mendoza, le preguntó a una señora beneficiaria del método, qué era Conin para ella, y ésta respondió: “Es una luz en la oscuridad en la que hemos vivido siempre. Llegó Conin con su alegría y nos cambió la historia”. Allí el médico chileno le diría a Albino que su gesta era superadora ya que su método “cerraba los grifos, que abiertos, generan la inundación”. El secreto prevenir: ‘nutrir y estimular’. Le auguraba éxito. Él lo entendió como un halago. El tiempo le haría ver lo cierto del vaticinio.

Comenzó hace 24 años, en Mendoza, subido a una lata de 20 litros de pintura para ser escuchado, y hoy las Cooperadoras de Nutrición Infantil han llegado a ser 76 en Argentina, y el sistema ha sido replicado en Paraguay, Perú, Guatemala, México, Brasil, Bolivia, Gambia, Soma, Base, e India.  Fue nombrado ‘Órgano consultivo de las Naciones Unidas’, y reconocido con distinciones de todo el mundo.

El objetivo es llegar a implementar su método a nivel nacional. Ya logró que en Salta se instituyera un ‘Ministerio de la Primera Infancia’, que Misiones desee emularlo, y que el actual presidente se reuniera con él para acordar crear un ‘Ente Autárquico’ que logre que el sistema Conin sea una ‘política  de Estado’ en Argentina.

Sostiene que la falla es cultural, y que la principal riqueza de un país es su capital humano, y que sin ello el país no tiene futuro. Es la pobreza, la miseria, y la injusticia lo que cercena nuestra posibilidad y capacidad de crecimiento. Recalca que América Latina no sale de su atraso crónico porque el intelecto está dañado. Es el principal problema argentino. El desarrollo es una consecuencia. “Aseguro y lo firmo que si nosotros hacemos prevención somos una potencia en 30 años”, sentencia el profeta. Cultor de la frase “Hay que dejar de pensar en las próximas elecciones y empezar a pensar en las próximas generaciones”, alerta a la dirigencia política del error: la ausencia de metas a ‘largo plazo’.

Sabe que “la desnutrición es el resultado final del subdesarrollo”. Advierte que Argentina puede producir alimentos para 1.500 millones, lo hace sólo para 400, y sin embargo no puede sostener a todos sus compatriotas, a pesar de ser el 6° país del mundo en riqueza y el 1° en recursos naturales per cápita.

Admirador de Sarmiento, con dotes de médico, alma de maestro, inspirado en espíritu por la Madre Teresa, y convencido de que nació para servir, convoca a las conciencias ciudadanas. Los resultados de su obra hablan por sí mismos. Son admirables para estadistas. Rechaza cargos políticos. Su aspiración máxima es llegar al día en que sus centros se tengan que cerrar por haber erradicado la desnutrición.

Se esfuerza por trascender el fiel cumplimiento del ‘juramento hipocrático’, al comprometerse además, con una gesta patriótica. Se lo puede imaginar con su guardapolvo blanco en un pueblito humilde del país, al realizar su labor médica o de maestro, profesión que dice amar y que le dio su primer título, cantando el himno nacional al izar la bandera, o bien al enseñar a los chicos el preámbulo de la Constitución Nacional: ….con el objeto de constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros … Argentina tiene una nueva oportunidad. El profeta médico contagia voluntades para poder desarrollar su proyecto. Desea guiar al país a ganar la batalla contra la desnutrición, el analfabetismo, y lograr una nueva generación sin pobres.

La fantasía deja su trazo. La voz de Albino toma juramento a los ciudadanos. Dice: ¿Juráis a la Patria hacer de la solidaridad, una cultura? El anhelo de lograr la igualdad de todos los hijos de esta bendita tierra espera. Su intacta capacidad a soñar, con similar intensidad que en sus comienzos, asegura que debajo del cielo de Argentina y a largo de su geografía, una voz replicará:    “SI, JURO”!!! – El futuro será testigo del compromiso de sus hijos con su bandera. Y todo comenzó con un sueño, que marcó y marca el rumbo para llegar la meta.

 

                                                                                 Guillermo Daniel Balbi  / Periodista

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