‘Quiénes son los vivos, y quiénes los muertos’

3 de diciembre: ‘Día del Médico’                                                                                                              ‘Quiénes son los vivos, y quiénes los muertos’

Favaloro ESCRITORIO - CLÁSICA -
Dr. René Favaloro

  Ya próximos a fin de año, me resulta inevitable hacer un balance de la actividad que desarrollé a lo largo de este 2016. Admito que, a pesar de no haber podido cumplir acabadamente todos los proyectos propuestos, siento una enorme satisfacción personal por haber llevado a cabo con éxito algunos de ellos, y logrado alcanzar una de las anheladas metas: colaborar en reinstalar en el universo del periodismo nacional el nombre del Dr. René Favaloro, su recuerdo.                                 Sólo Dios sabe lo que sentí cuando realizamos el primer programa homenaje, allá por el 21 de junio de 2016, en Radio Zónica, cuyos directivos cedieron el ciclo, con el único pedido de que mencionara al medio como adherente al proyecto presentado en el Congreso de la Nación. Confieso que realizar esa transmisión me resultó muy fuerte, tal vez por dar vida y cumplimiento a una vieja ilusión que desde siempre albergaba: contribuir desde mi humilde lugar de periodista a difundir ‘el legado Favaloro’, para que volviera a ocupar el lugar que nunca debió perder. 

   Quienes me conocen saben que para mí no fue simple. Dios -creo en él- me ayudó a conservar ‘en el aire’, y hasta finalizar la emisión, un equilibrio, una serenidad, que permitiera que el profesional se sobrepusiera al individuo y pudiese postergar las emociones. Ningún ciclo me costó tanto, nunca.

   A pesar de ello, las sorpresas no daban tregua. Por un lado, pasados pocos días de ese 21 de junio, y a resultas de nuestra emisión, recibíamos la notificación e invitación a la ceremonia llevada a cabo por el Concejo Deliberante de la Ciudad de La Plata, en que se otorgaba al querido y recordado René Favaloro, el nombramiento de ‘Ciudadano Ilustre post mortem’. Por otro, en el segundo programa emitido el 12 de julio, en ‘Celebración del Día Nacional de la Medicina Social’, recibir al aire la felicitación del doctor Abel Albino -vía telefónica- por el recuerdo de René Favaloro, al calificar al editorial de “precioso y merecidísimo”. Habíamos resuelto volver a leerlo en honor al reconocimiento platense.

   Ya para la tercera transmisión, el día 29 de julio, en ‘Conmemoración de la muerte de René Favaloro’, la buena nueva de que la propuesta de la señora María Loreto Mantel, -realizar un mural de corazones en mosaico en ‘Homenaje a Favaloro’- había cobrado una intensa repercusión, cuyas réplicas llegaron a ser ciento cuarenta y un murales, en todo el país, y Santa Catarina, Brasil, con piezas recibidas de seis países del mundo en adhesión a su obra. Se realizaron alrededor de 30.000 corazones. Aún hoy se confeccionan murales en un hospitalito de una isla de Tigre, y en tantos otros lugares del país.

   Y para ese entonces se podía concluir: es el Estado ausente, formado por todos y nadie al mismo tiempo, quien olvida a sus grandes figuras como modelos a seguir. Es así que se pueden observar, informes periodísticos cuyas crónicas dan cuenta de bolsos de dinero; gobiernos que terminan sus mandatos con funcionarios que frecuentan tribunales por el abultado número de denuncias de corrupción. Casi un final escrito por la avaricia del poder. Un desfile de personajes ególatras, para los que la palabra ‘servicio’ no existe siquiera en la imaginación, y reflejan un absoluto vacío de valores. Crónicas que abundan, ideales que escasean. Estos hechos en el último tiempo se han vuelto casi cotidianos. Todos, ausentes de ejemplo.

   Los claroscuros generan reflexión. La política tiene, en varios casos en sus filas, a seres que llenan portadas, sin poder lograr respeto, ni valoración en su pueblo. Como por efecto de un claroscuro, algunos hombres ilustres de la historia, con poca prensa -el caso de Don René- son muertos que viven en su pueblo en un lugar de privilegio ganado, visible en el recuerdo, la evocación, y el amor de sus conciudadanos, quienes desean hacer propio el estigma, ‘su dignidad’.

   Y uno cree que esos hombres que partieron ya no existen. Y descubre que constituyen la paradoja. La memoria dictó su sentencia. Son una auténtica pesadilla para algunos dirigentes de barro, que no aciertan en la imposible e inalcanzable fórmula de ‘Cómo hacer para matar a un muerto’. Más aún. Aparecen otros con similares valores, también ‘faltos de prensa’, que gritan su verdad, y se convierten en el nuevo paradigma, el del presente, y el futuro. Es el caso del doctor Abel Albino. Va por fuera del Estado. Tampoco aceptó ningún cargo político. Desde ministro en el poder ejecutivo, o senador en el legislativo, de allí para abajo, todos le fueron ofertados. Grandes hombres que con su verdad alertan al poder de sus falencias. Ciudadanos cuyos seguidores los encumbran, y llegan a ‘ese punto crucial’ en que o bien son absorbidos -manejados por el poder de turno- o destruidos por él. No es posible que evidencien el contraste. Hasta sin quererlo, sus silencios se encargan de reflejar las diferencias. Desarrollan su tarea en reemplazo de un Estado ausente, que tiene políticos que aspiran a  votos, y están lejos de las estadísticas y de las futuras generaciones, y próximos a las interminables elecciones.

 

albino2 - MUTUAL UCYD.com.ar -
Dr. Abel Albino

   Y llegó el 6 de septiembre, día en que realizamos una emisión especial, una entrevista exclusiva al doctor Abel Albino. También en Zónica. Batió records de audiencia. Ese hombre que comenzó su prédica en Algarrobal de abajo, en Mendoza, logró que hoy los centros CONIN -Cooperadoras de Nutrición Infantil- sean ochenta en Argentina, y nueve en el exterior, Latinoamérica y África. Mostró su lucidez, su agudeza, su inquebrantable voluntad a una convocatoria comunitaria, para derrotar el flagelo: la desnutrición. Acepta la ayuda del Estado, sin resignar su lugar. Acaso deja en claro que no se suma a él. Que es una ‘política de Estado’ la única que puede reemplazar la labor de CONIN, pero no truncarla. Debemos cuidarlo, protegerlo. Vaya si alcanza con el recuerdo del querido Favaloro.

   Al terminar esa entrevista al doctor Abel Albino, en la que se emocionó por el editorial leído, tanto como por las palabras del doctor Avelino Porto, quien –vía telefónica- elogió su labor y lo calificó como “un hombre que realza la calidad humana de los hombres que habitan esta tierra”, lo acompañé hasta el hall central del edificio donde se halla la radio. Allí, nos despedimos. Le expresé mi deseo de participar, de colaborar con su causa. La respuesta de él fue un abrazo fuerte. Con una mirada que atravesaba lo visible, me dijo: “Sea ésta la más cálida bienvenida a Conin, Guillermo”!!!

    Se hacía inevitable la conclusión: ‘Los grandes hombres, sus causas, no mueren. Favaloro interroga aún desde su estrella. Los valores que encarnan, que convierten en virtudes, los emparentan. La ciudadanía este año hizo visible que ‘Favaloro vive en la dignidad de su pueblo’. Su lucha continúa en otros. El próximo 9 de mayo de 2017 se conmemorarán cincuenta años del primer by pass aorto coronario, maniobra quirúrgica realizada por Favaloro en la Cleveland Clinic, de Clevand, Ohio, en Estados Unidos. Se calcula que en este tiempo, su método salvó a cincuenta millones de personas en todo el planeta. Albino, en los últimos 24 años, rescató a dieciséis mil criaturas de la desnutrición, y a más de mil seiscientos de la desnutrición severa. Su programa fue premiado en todo el mundo, e hizo que fuera nombrado ‘Órgano consultivo de las Naciones Unidas’. Y Albino calificaba a Favaloro, en la entrevista “era un hombre monumental, un gigante, un hombre maravilloso”. Dijo que lo conoció en Mendoza, en una visita del cardiocirujano, quien le recomendó a Albino, aún no tan popular, pero acreedor de prestigio bien ganado en el ámbito médico internacional: “Doctor, nunca se agrande”. Y el pediatra mendocino dijo al aire: “Nunca olvidaré su consejo”.

    Hoy Favaloro se llama: Abel Albino. ¿Lo protegemos? ¿Lo ayudamos a continuar? Don René lo habría hecho. Nosotros también podemos. “La vida sin utopías se convierte en un ensayo general para la muerte”. Es la vida, la historia continúa, y estar vivos es ‘tener un sueño’.

     Este año recibí un preciado premio. Miles de argentinos evocaron a Favaloro. La ciudadanía demostró que sigue y seguirá vivo!!!  Las circunstancias nos hacen reflexionar. Entonces, ¿Quiénes son los vivos y quiénes los muertos?

     En este tiempo en que observamos los baches de la política, sus peores resultantes: ‘La mediocridad de algunos de sus dirigentes’. En más de uno de ellos todavía funciona como real una lógica que los obliga a opacar a cuanto ilustre se destaque, a querer sobresalir, ‘a no perder el poder’, y a hacerse de él de cualquier manera. Sus necedades aún no les permiten entender que la fórmula es cuidar a los grandes hombres. Ni siquiera advierten el rédito político, la conveniencia. Cuando vivos, los destruyen. Cuando ya muertos, se sorprenden frente al clamor ciudadano por esos héroes nacionales, y se desesperan. Envidian que sean inmortales en la memoria, los lugares que ganaron en la historia. Y una vez más pretenden buscar una receta mágica. Y estallan en ira ante lo irreversible: ‘La imposibilidad de matar a un muerto’. Recién allí saben que erraron el camino, que no llegaron al bronce. En un acto de justicia, casi en una jugarreta, el destino les enseña las diferencias, que declama  aquel poema de Gustavo Adolfo Bécquer:

No son los muertos los que en dulce calma
la paz disfrutan de su tumba fría,
muertos son los que tienen muerta el alma
y viven todavía.

No son los muertos, no los que reciben
rayos de luz en sus despojos yertos,
los que mueren con honra son los vivos,
los que viven sin honra son los muertos.

La vida no es la vida que vivimos,
la vida en el honor, es el recuerdo.
Por eso hay hombres que en el mundo viven,
y hombres que viven en el mundo muertos.

    En este día especial se debe recordar cuántos médicos anónimos hacen e hicieron patria. Es imposible nombrarlos a todos. Tal vez por eso, Favaloro y Albino sean dos exponentes, dos emblemas que representan algo más que la labor médica. Simbolizan ‘el humanismo’ que se desprende de sus luchas. Y Rawson, Juan B. Justo, Ramón Carrillo, Oñativia, ‘el otro’ Maradona, Salvador Mazza, Cruz Roja, Médicos Sin Fronteras, y tantos otros que sin dudarlo destinaron su vida y esfuerzo a calmar el dolor, curar, y demuestran que más allá de  las políticas seguirán al lado del paciente en una lucha sin fronteras.

   Dedicado a todos ellos, que desde el anonimato, levantan día a día el humanitarismo, como bandera!  

                                                                                  Guillermo Daniel Balbi / Periodista

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