Sortear la efectiva trampa: la teoría de ‘el amigo y el enemigo’

Programa 678 -
Programa ‘678’

 

Ley de Acceso a la información pública, debates de presidenciables, fondos de campaña, y políticas de Estado 

A lo largo de estos últimos treinta años de democracia se ha visto en Argentina una nutrida práctica de usos y costumbres que se instalan como ‘verdaderos estilos’ en cada período constitucional, y marcan un ‘sello distintivo’ que identifica al poder de turno. Los indicadores que lo reflejan son la relación del ejecutivo con el Congreso, con la Justicia, y con la Prensa.

Lo fue en el gobierno de Raúl Alfonsín, a pesar de otros errores, el marcado cuidado por las instituciones que a lo largo del tiempo ha quedado como un ‘modelo de calidad institucional’. Menem empezó a hacer uso de los conocidos (D.N.U) Decretos de Necesidad y Urgencia, que se utilizaban toda vez que por alguna razón ‘resultaba incómodo’ enviar proyectos de ley a ambas cámaras del Congreso para su estudio y sanción. En tanto el Poder Judicial, se aumentó el número de integrantes de la Corte Suprema de Justicia, que llevó a que en esos días se hablara de ‘una corte automática’, favorable al oficialismo. Al respecto de la información, el emblemático ministro Corach era quien atendía en la puerta de su casa cada mañana las requisitorias de los medios. Logró una anecdótica y memorable pintura caricaturesca el último día de su función, ya que como despedida del cargo invitó a desayunar a camarógrafos y periodistas a un bar cercano.

En el período de Néstor Kirchner ‘desaparecieron las conferencias de prensa’ -al menos las presidenciales- y en sintonía con esto, entrevistar a otros funcionarios de su gestión se volvió una tarea difícil. Suele ser muy recordada la única oportunidad en que el ex presidente se reunió con el periodismo y aceptó preguntas, en las instalaciones de un hotel céntrico cuando ya no estaba en funciones. Eran en los días del conflicto con el campo en 2008. Fue destacado, empero, por todo el arco opositor el nombramiento de calificados jueces de la Corte Suprema, quienes además de probos e imparciales, procedían de encumbrados lugares de desempeño.

Cristina Fernández, en cambio, inauguró una modalidad impensada para un gobernante, que trascendió las muy frecuentes ‘cadenas nacionales’, y llegó a hacer pie en ‘las redes sociales’ modalidad que no cubre las necesidades de información. Tanto una como otra forma se tornan en ‘un comunicado unidireccional’ de la mandataria a la sociedad, sin que se le realicen preguntas. Este método tiene la ventaja para el Poder de elegir los temas y convierten con ‘una rara magia’ que ‘inseguridad’, ‘narcotráfico’, ‘inflación’, ‘recesión’ o ‘corrupción’ sean palabras que no se encuentren en el diccionario del discurso oficial.

Se volvió una marcada costumbre comunicar sin dialogar, al punto de que en las últimas elecciones legislativas el periodismo solicitó de los candidatos ‘la firma de un acta acuerdo’ que los obligara a no rehuir a las requisitorias, y respetaran la lógica demanda de entrevistas luego de ocupar sus bancas. Es decir, un ‘compromiso formal’ para volver a una usanza de rigor.

Entre otras características, se marcó desde el oficialismo una línea divisoria entre los llamados ‘periodistas militantes’ que apoyan toda acción del ejecutivo, con una práctica más publicitaria que de prensa, y quienes ejercen críticas, apodados ‘opositores’ y ‘destituyentes’. Tampoco se dudó en calificar a algún medio como ‘la cadena del desánimo’ y se creó un programa oficial ‘6 7 y 8’ que tiene por cometido menoscabar a periodistas o medios que ocupan lugares en la prensa libre. ‘La estrategia consiste en personalizar y correr los ejes de debate’, denostar a quienes son críticos, y silenciar los temas a reflejar. Una modalidad ‘contraria al debate’, necesario juego democrático.

En esta falsa dicotomía llevada a cabo hoy ‘casi hasta el extremo’, se inserta la conocida ‘teoría de el amigo y el enemigo’, con la que se establecen todo tipo de ‘premios y castigos’, visibles en diferencias de oportunidades para los trabajadores del sector. Se podría recorrer una larga nómina conformada por periodistas que por sólo formular una pregunta al aire, o bien razonar con una lógica independiente fueron removidos de sus tareas en distintos canales, el oficial u otros de grupos afines al Gobierno. Claro está que se ‘disciplina con la necesidad de obediencia como cualidad’, y ‘se castiga la falta de alineación, y por ende la libertad ’.

Mucho más allá del fervor, y por detrás de él, está el calculado método. Al impulsar la creación imaginaria de dos bandos ‘se cae en la trampa de acallar los temas reales’, situación muy conveniente para cuando no se tienen respuestas aceptables o son muy difíciles de dar. Se logra así, con eficiencia, ‘anular cualquier posibilidad cierta de contienda’, en hechos que necesitan tratamiento informativo, deliberación y opinión. Flagelos como la inseguridad, que son ‘una papa caliente’ para cualquier funcionario, no logran desde la polémica plantear soluciones posibles, ni generar una rutina consensuada que vaya a ‘dar una verdadera solución eficaz’. Se llegó a desconocer esta plaga y se ha llegado a afirmar que sólo ‘se trata de una sensación’.

Si bien uno de los ámbitos propios del debate es el Congreso Nacional, es frecuente en estos días escuchar a muchos de los integrantes opositores quejarse por la ausencia de reuniones en comisión, y denunciar el ejercicio de una conducta oficial verticalista que convierte al parlamento en una escribanía. Al tomar en cuenta estas prácticas, ‘la libertad de expresión’ es el resorte faltante, canal indispensable para la ciudadanía. Lejos se está de entender que ‘la función de la Prensa es ejercer un juicio crítico’ sobre las medidas de cualquier gobierno al ‘reflejar la realidad’, sea al ponderar sus logros o bien al marcar sus desaciertos.

La necesidad de abastecer con información en democracia se topa con la existencia de varios proyectos de ‘Ley de Acceso a la Información Pública’ que pasados varios años no gozan aún de tratamiento parlamentario. Otro tanto ocurre con los ‘debates de  presidenciables’ que ante las candidaturas suelen obviarse, y constituyen ‘un compromiso’ imprescindible ante el votante. Ni que hablar de la importancia de publicar la procedencia de ‘los fondos de campañas’ cuyos orígenes en general rozan el misterio, máxime cuando dan lugar a sospechar de la voluntad y probable esperanza de sus anónimos aportantes en ser futuros beneficiarios del favor oficial por equidad en la balanza de las compensaciones.

Las letras de estas leyes protegerían la fluidez de la información, al evitar negativas en su suministro, y contribuirían en la instancia de control, que elude las posibles confusiones. Son herramientas que facilitan la participación ciudadana y robustecen la transparencia.

La política argentina aún debe acotar el uso de facultades que se tienen por ausencia de legislación y perfeccionar una construcción conjunta de nuestro sistema democrático. Los medios  deben ‘enriquecer con debates’, por encima de ‘las confrontaciones’ para llegar al ciudadano común, informarlo certeramente, y ante cada devolución que ofrece el ánimo social, oficiar de intérpretes de las demandas del soberano. Se remarca hoy al espíritu de conciliación como uno de los deseos más fuertes, y la importancia del ejercicio de la Prensa, cuando no se contribuye a caer en falsas opciones. Los recurrentes yerros evitables de los últimos gobiernos en el país esbozan que ‘aquello que no se refleja con transparencia hoy, es inevitablemente un dolor de cabeza para la sociedad y sus futuros gobernantes, en un inmediato mañana’. La salud de una democracia se mide en su dinámica, que se acompasa a los tiempos. Y la entrega de sus servidores políticos en prestigio, al atreverse a enfrentar los nuevos desafíos. Bueno es advertir entonces que Argentina se debe aún ‘varios debates’, y a juzgar por sus varios padecimientos, ‘los tiene más que ganados y merecidos’. Así como la vista atraviesa un cristal a pesar de su brillo, en un caro anhelo, los votantes desean poder ver en sus gobernantes el devenir del país, y que el traspasar de la mirada reivindique a los servidores públicos y políticos más que por su brillo por ‘su transparencia’, y en un estado de mayor claridad se pueda volver a los sueños.-

 Guillermo Daniel Balbi / Periodista                                                                                                 Diario ‘El Intransigente’                                                                                                                        22 de marzo de 2015

 

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