Tragedias y Estado: un denominador común

Infraestructura insuficiente y ausencia de controles: fórmula del desastre       La solidaridad ciudadana y la política por detrás

70777_rosario - Foto de sin mordaza com
Calle Salta – Rosario – Foto: Crédito de sinmordaza.com 

 

Sin dar tiempo de entendimiento y recuperación, cuando todavía no son claras las explicaciones de la explosión en Rosario, la realidad nos conmueve con otro accidente en el Parque Independencia de esa ciudad, cuando en su parque de diversiones una silla del juego ‘La Vuelta al Mundo’ se desprendió y cayó cobrándose dos víctimas fatales y varios heridos. Si bien la explotación comercial de los juegos estaría concesionada, la falta de inspección permitió la continuidad de funcionamiento en juegos, que según testimonios ya venían registrando fallas en los últimos días.

Por otra parte, siguen en suma las víctimas fatales y aún continúa la búsqueda de personas desaparecidas por la terrible explosión que generó una fuga de gas, en el edificio de Rosario. Trabajan más de 250 efectivos abocados a la remoción de escombros con la esperanza de hallar a sobrevivientes. “Litoral Gas es un actor principal” sentenció Juan C. Curto, juez que entiende en la causa, y consideró así probable la responsabilidad de la firma en el siniestro. En tanto, la fiscal comentó que “el gasista no podía detener la pérdida”. La funcionaria señaló que “Litoral Gas no capacitó convenientemente a los gasistas matriculados para atender emergencias como estas, y no pudo dar respuestas a la emergencia”. Una vez más la falta de supervisión y controles del Estado a empresas concesionarias de servicios públicos tienen como desenlace una evitable tragedia.

En otro orden, hace pocos meses fueron más de 50 las víctimas fatales -confirmadas- en La Plata y 8 en Capital Federal por las inundaciones. El pueblo se solidarizó con los afectados y espontáneamente salió a ayudar. Donó colchones, ropa, enseres, alimentos, y artículos de limpieza, que Cáritas, Red Solidaria, radios y canales de televisión, recogieron y enviaron a destino para los necesitados. Cruz Roja Argentina lideró tareas de coordinación tanto en la actividad sanitaria como de ayuda material concreta, y contó con miles de voluntarios que desinteresadamente ofrecieron su participación en socorro y frente al desastre. Las autoridades nacionales en cambio, bebieron de su propia agua al culpar al jefe de gobierno porteño por lo ocurrido en los barrios de Capital y, a las pocas horas, tener un escenario varias veces multiplicado en La Plata, provincia de signo político oficialista. Recién, días antes de las inundaciones, se habilitó al Gobierno de la Ciudad para solicitar el financiamiento y realizar la obra del Arroyo Vega, cuya ejecución prevé tres años de plazo. La dilación llevó 4 años y varias muertes. Idéntica situación atraviesa Scioli que espera la decisión política de la Casa Rosada, ya que las necesarias obras hidráulicas a realizar en La Plata son de carácter nacional.

También la desgracia se cobró el año pasado 52 víctimas mortales y más de 700 heridos el 22 F, en la Estación Once del Ferrocarril Sarmiento. Lentamente algunos damnificados, familiares y amigos pidieron justicia, y la ciudadanía se solidarizó hasta llegar a ser “una voz social de reclamo” que logró que “el día después” -ya pasado un año-, se tomaran las medidas de enjuiciamiento al concesionario -quien distrajo los fondos que debían llevar a cabo las obras, con la complicidad de un Estado que nunca controló- se reemplazaran las vías del ferrocarril, se anunciaran la compra de nuevas formaciones, y hasta se hiciera una publicidad de la exitosa tarea emprendida, como si su tardía realización no hubiera dado lugar al luctuoso episodio. Era la forma de encubrir la desatención en una tarea pendiente desde hace décadas. De esta manera el Gobierno creyó que sepultaba sus responsabilidades junto con los muertos y que el olvido llegaría detrás. Craso error. Otro luctuoso accidente con tres víctimas fatales y más de trescientos heridos en la misma línea férrea, el 13 de junio en cercanías de la Estación Castelar, y varios descarrilamientos con su verdad volvían a evidenciar la realidad.

Es triste admitir que Argentina soporta una tras otra, tragedias que tienen como denominador común la ausencia de fiscalización a empresas de servicios públicos concesionadas al sector privado,  y cuyo funcionamiento el Estado debe regular, controlar y garantizar, o bien la falta de infraestructura necesaria para evitar por ejemplo las recientes inundaciones.

Estos desdichados y lamentables episodios tienen en su gran mayoría como rasgo propio lo evitable. Son accidentes con el costo de vidas humanas primero, y la enseñanza que los horrores dejan, después, sin que el Estado parezca aún, asumir sus responsabilidades. ‘Es la tragedia el claro mapa de la falta de controles y de la infraestructura pendiente’ que muestran la ineficiencia del Estado, y al poder político al desnudo, en la imposibilidad de argumentar justificaciones. Pareciera no advertirse que lo ‘accidental’ es la consecuencia de un cóctel formado por la desatención y corrupción, ya que la muerte tiene lugar en el vivir cotidiano, convertido en una asechanza, sea por un hecho de inseguridad a manos de la delincuencia, por una tragedia del transporte férreo, o anegados en una inundación. Es la consecuencia de gobiernos siempre más preocupados por las encuestas que por la eficiencia, más atentos a medidas populistas que en ser estadistas, y resolver con una sistemática y creciente planificación e inversión de infraestructura que apunte a cuidar el bien más preciado de un pueblo: la vida humana. Las definitivas soluciones llegan de la mano del control a empresas concesionadas, y de la ejecución de obras, aún inexistentes. Debiera observar la dirigencia política que los logros de un buena gestión también tienen su posterior correlato electoral.

La maravillosa solidaridad del argentino, que siempre acompaña las desventuras nacionales, no reemplaza la responsabilidad de la política, que debe terminar por entender que sin mezquindades  partidarias debe llevar a cabo ‘obras y controles, antes y no después’, ya que ‘la tragedia no se puede volver un fenómeno recurrente y menos ser aceptado como tal’.

Es todo un pueblo quien clama por soluciones, y al reclamarlas lo hace en un marco de madurez cívica. Son frecuentemente los familiares de las víctimas de distintas tragedias que con espíritu democrático, y capacidad crítica piden justicia, y se convierten en portavoces de sus muertos. A pesar de su dolor y desde él, construyen conductas ejemplares, se convierten en fieles custodios de lo  mal realizado o no hecho, y así ocupan su lugar social, recordando el primer ejercicio democrático: el Ágora griego.  A pesar de sus pérdidas construyen así identidad. Piden dirigentes con más actitud de servicio que apetitos de poder.

Con admirable entereza, y una dignidad que emocionan ‘recuerdan el ejercicio del sistema democrático y los valores de una república’, cuando en marchas de reclamo con un esforzado equilibrio entonan el himno y repiten, ‘con autoridad moral, y en memoria de sus victimas’……… O juremos con gloria morir, …O juremos con gloria morir”, letra que ningún Estado sea nacional, provincial o municipal, gobernantes ni gobernados deben, ni pueden ignorar.-

Guillermo Daniel Balbi / Periodista                                                                                                 Agosto de 2013

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