La muerte de Nisman y la ausencia del pésame oficial

Conmiseración como gesto del sentir nacional 

NISMAN -4-
Fiscal federal Natalio Alberto Nisman

 

      La reciente muerte del fiscal federal Alberto Nisman generó definitivamente un antes y un después en la vida política nacional. Fue así porque después de veintiún años de investigación sobre la voladura de la AMIA, y más de una década de gobierno kirchnerista, intentaba esclarecer quienes fueron los autores intelectuales y materiales del luctuoso atentado que dejó como saldo a ochenta y cinco víctimas fatales y numerosos heridos, además de una sociedad consternada, que después de haber vivido ‘los años de plomo’ rechaza para siempre cualquier manifestación de violencia.      

      Como es sabido el fiscal federal fue nombrado por el ex presidente Kirchner en el año 2004 con el objeto de que pudiera llegar a las últimas consecuencias con su investigación, motivo por el que además, se abrió una nueva fiscalía especial.

      En los últimos años, ya en el gobierno de la actual mandataria, Cristina Fernández de Kirchner, más concretamente en el 2013 y ante la firma de un Memorandum del gobierno argentino con el gobierno de Irán, Nisman sospechó que ese acuerdo contenía la velada intención de facilitar el ‘olvido de los hechos’. Estudió la gestación de una embajada informal y paralela creada para tal fin que tuvo a la presidente, al canciller Timerman, al diputado Larroque, a Luis D’elia, y al titular del grupo Quebracho, Esteche tanto en el centro de la denuncia judicial como mediática que realizó cuyo informe iba a ofrecer ante la Cámara de Diputados, actividad que no pudo llevar a cabo por ‘haber muerto en la víspera’.

      Ese fatídico lunes 19 de enero la sociedad despertaba entristecida a la confusión frente a la llamativa muerte del fiscal, y aturdida por la catarata de informaciones que había en relación al tema, sin que se pudiera establecer -aún hasta hoy-, si había sido víctima de un homicidio, una instigación al suicidio, o bien una inesperada resolución personal, es decir muerte por mano propia.

      La Presidente de la Nación -y detrás todo el gobierno nacional- abonó primero la teoría de suicidio, para luego decir que tenía hasta certeza pero no pruebas de que se trataba de un asesinato. Si bien los primeros días desde las máximas autoridades gubernamentales de Argentina hubo un marcado silencio de radio, que denotaba afectación por la notoria falta de pronunciamientos, luego se realizó una ‘Cadena nacional’ en la que la presidente no informó al respecto de qué ocurrió con la custodia del dr Nisman, ya que esa sí es competencia del Ministerio del Interior, como tampoco qué ocurrió en la Secretaría de Inteligencia, a propósito de los cambios que el PoderEjecutivo hizo en esa dependencia en el último diciembre. A diferencia de esto, comentó que su gobierno se predisponía a disolver la ex SIDE, y a crear una Agencia Federal de Inteligencia, y luego hizo comentarios más propios de un juez, un fiscal, o bien un periodista especializado al dar su opinión al respecto de los sucesos. Por desgracia tuvo imprecisiones notorias en su información que no demoraron en salir a la luz, toda vez que la dra Fein, fiscal que entiende en la causa, actualizaba información de lo actuado para los periodistas que se encuentran en la puerta de la fiscalía y a la espera de las diarias novedades que el resonado caso conlleva.

      Lo único que quedó en evidencia y por ausencia en esa comunicación oficial, fue la ‘falta de conmiseración’, que se hubiera visto reflejada al ‘dar el pésame’ a la familia Nisman, declarar  ‘duelo oficial’, y dejar asentado así el posicionamiento que todo gobierno republicano y democrático debe tener, máxime ante una muerte dudosa, y ante la lamentable desaparición de un funcionario de la envergadura del dr Nisman. Puede haber varias formas de lectura del ‘llamativo olvido oficial’, pero en todos los casos, acaso la más contundente es que un mandatario expresa la voz de todo un pueblo al que preside, más allá de la propia, y se hace eco así del sentir nacional.

¿Cómo puede ser que la muerte, como límite involuntario a la vida -se sostuvo la teoría de un crimen- no genere desde el Estado o desde el Gobierno un pronunciamiento de aflicción? ¿No es hasta peligroso que ante la ausencia de palabra y en la pluralidad de interpretaciones, el que se pueda alimentar en una cabeza trasnochada que esta es sinónimo de indiferencia, o peor aún de convalidación?  Luego de que la Presidente dijera tener ‘certeza pero no pruebas’ de que se estaba frente a un crimen ¿no era más importante además de ofrecer las condolencias pertinentes a la familia Nisman, la absoluta condena oficial al hecho en sí mismo y dar cuentas de la férrea voluntad de disponer de todos los medios del Estado nacional en aras de la localización de los autores del luctuoso episodio?

      pesar de que la propia mandataria fuera el centro de la denuncia del fiscal federal, ésta debió entender que su pronunciamiento de condena debía ser el propio de su investidura y no quedar atrapada personalmente como consecuencia de la antipática denuncia de Nisman, cuya investigación la podía y puede perjudicar.

      Más allá de los humanos sentimientos, también era una forma de poner distancia sobre las acusaciones, -dirimibles en una segunda instancia- y la mejor oportunidad para dejar más que claro que si la denuncia y las imputaciones no guardan relación con la realidad, con más razón, ‘lo cortés no quita lo valiente’, y la palabra presidencial frente a la muerte del fiscal federal Dr Alberto Nisman, ‘nunca se debió dejar de pronunciar’.

      En un sano equilibrio de las compensaciones, es la voz de todo un pueblo que valoró el accionar de Nisman y tomó como una causa nacional a su fallida misión, y así lo hizo saber desde el mismo 19 de enero en las calles, tanto como en estos días en que la Asociación de Fiscales invita a la ciudadanía a participar de una marcha, preparada para el próximo 18 de febrero al cumplirse un mes de la muerte de Nisman, para recordarlo y rendir tributo a su vida y labor, y se exprese así el sentir mayoritario, frente a la ausencia de un pronunciamiento oficial.

      Es la memoria colectiva que frente al reclamo de Justicia se manifiesta al decir ‘Yo soy Nisman’. Son los resortes democráticos de una sociedad que crece, y ante la falta de gestos oficiales hace oír su voz. La historia en su transcurrir será testigo de que a Nisman la ciudadanía lo recordará con el brillo que ennoblece a los funcionarios destacados, sobre manera a aquellos que dejan hasta su vida, y ‘viven para siempre en la memoria nacional’.-

 

Guillermo Daniel Balbi  / Periodista                                                                                                 8 de febrero de 2015

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