A 18 meses de la ‘Masacre de Once’

PAOLO MENGUINI -
Paolo Menguini

 

La tragedia y su respuesta social: resiliencia y ‘Nunca más’                             Desde el dolor, una fuerte corriente de reclamo pone límites al Estado  

Hoy se cumplen 18 meses de la ‘Tragedia de Once’ y se lleva a cabo el acto, que como cada mes, se realiza en recuerdo del luctuoso episodio. Encabezan la marcha familiares con el pedido de ‘memoria, verdad y justicia’ por el accidente que protagonizara una formación del Ferrocarril Sarmiento en la Estación Once, el 22 de febrero de 2012, con el costo de 52 víctimas fatales y más de 700 heridos. Reclaman un cambio cierto en la infraestructura del sistema ferroviario, tanto como en el rol que el Estado debe tener como organismo de control en el  funcionamiento de trenes.

Es admirable observar como ‘desde el dolor’, y sobreponiéndose a él, se disponen a solicitar que el Gobierno cumpla con sus funciones naturales, que de haberlo hecho, hubiera evitado el siniestro. Genera enseñanza entender cómo desde las pérdidas y en una elaboración conjunta, el dolor los reúne en un objetivo común y hace que sus fuerzas se dispongan al servicio de un justo reclamo social. Es una actitud que habla por sí sola, ‘la dignidad de los damnificados’, que con un increíble equilibrio emocional dan paso a una clara lección de civismo ciudadano, que la comunidad respeta y apoya. Tienen la mayor autoridad moral para reclamar dado que en sus víctimas hubo un conciudadano nuestro que pagó con su vida la irresponsabilidad del Estado. Es otro grupo que se conforma luego de una tragedia, y como voz que marca un límite social.

Como en todo país muy joven y en el ejercicio de una democracia incipiente existe recién en los últimos años desde el retorno del país al régimen democrático, en forma lenta, paulatina, creciente y frente a la tragedia, una masiva reacción popular que se torna una expresión de reclamo que comienza sólo con los familiares de víctimas y termina cobrando luego solidaridad, adhesión popular, y se convierte en una voz social. Son movimientos que se producen recién el día después con la lógica demanda de ‘memoria, verdad, y justicia’. Normal sería la prevención anticipada de un Estado que atento a sus funciones ‘evite tragedias’. Ante la peligrosa ausencia estatal, el reclamo es el ‘basta’ frente al dolor personal de una sociedad que despierta, cobra conciencia masiva, y marca así límites certeros. Es volver al Ágora griego, es construir identidad.

Es una democracia en crecimiento a la que le costó 30.000 desaparecidos en la dictadura, y luego llegó el ‘Nunca más’. Vivió la Guerra de Malvinas, lamentó sus muertos, y le tocó asistir a sus sobrevivientes, herida que no cerró. Padeció tragedias horrendas como los atentados a la Embajada de Israel y la Amia, que todavía reclaman ‘justicia’. Sufrió un accidente como el de Lapa en Aeroparque, que generó un film -Whisky Romeo Zulu- hecho por Piñeyro quien contó la verdad sobre los riesgos que corría la aviación civil en la Argentina, y pasó a manos civiles el Control de Tráfico Aéreo. Lamentó la pérdida de vidas humanas en una tragedia absurda como la de Cromagnón, a pesar del posterior juicio a los culpables. Se encolumnó detrás del reclamo que encabezó una religiosa en el caso de María Soledad Morales en Catamarca, y logró la prisión de alguno de los responsables. Hizo propio el pedido de ‘justicia’ de la madre de Marita Verón, en el comentado caso que lleva su nombre, y logró hasta la reforma de una ley demorada en el Congreso Nacional. Compartió con solidaridad la calle, con compromiso llenó la Plaza de Mayo, y alzó su voz en reclamo de ‘justicia’, por una tragedia lograda por la suma de indiferencia y falta de controles del Estado, más la eterna corrupción, como lo fue ‘La Masacre de Once’. A pesar de que el Estado debe resguardar a los ciudadanos y a los familiares de las víctimas, el Gobierno hasta el día anterior a cumplirse un año del luctuoso suceso eligió ignorar.

Es doloroso admitir que primero nos ocurre la tragedia, luego el reclamo popular, y más tarde el Gobierno al ver la firmeza de las demandas actúa, cuando eso debió hacerse en prevención y sin el costo de vidas humanas que lamentar. La respuesta tardía no devuelve a la vida, no cura heridos, ni la angustia de sobrevivientes, ni mitiga el dolor de familiares, en las catástrofes evitables que nos tocaron vivir. Es el ejercicio de controles del Estado lo que constituye prevención, y no las medidas cosméticas de última hora. El silencio deja en evidencia la participación de funcionarios, por acción o por omisión. Eligen callar, desestimar, y luego se hace alguna mención y hasta con desprecio, y sólo para deslindar responsabilidades puntuales de alta jerarquía. Obvio es: Si se podían evitar, no fueron accidentes. Fue corrupción oficial.

El denominador común es el dolor de familiares, amigos, y de la sociedad toda. La angustia se acentúa a la hora de “encontrar el sentido” a esas pérdidas. Es ahí donde interviene esa fuerza interior, espiritual y humana llamada “resiliencia”, que psicólogos y psiquiatras identifican como ‘la capacidad de algunas personas de transformar la desgracia en fortaleza’, es decir, ‘el dolor en positivo’. En una posición de reparación se busca curar el daño sufrido haciendo un bien a toda una comunidadsostiene Ana Rozenfeld, Licenciada en Psicología, coautora del libro “Resiliencia y Creatividad”. Son algunos damnificados, familiares y amigos de ellos quienes piden un cambio frente a lo ocurrido, para que “las pérdidas tengan un sentido, y que no les pase a otros”. Es toda una comunidad que solidaria repite, y vuelve a repetir: “Que esto tenga un sentido”, … ‘Nunca más’. Es la necesidad de entender las pérdidas como verdaderos actos de inmolación involuntaria y como límite social cierto que el Estado empieza a encontrar en sus múltiples falencias, en el mejor de los casos, cuando no, en su irresponsabilidad e indiferencia, y peor aún, cuando es partícipe en alguno o varios de sus funcionarios, que frente a la corrupción, sólo velan por la impunidad.

Con un gemido de dolor social piden respuestas frente a lo ocurrido, y en un acto de inmensa sabiduría ya no sólo los familiares de víctimas sino la ciudadanía solidaria toda pone claros límites ciudadanos, y construyen una clara sentencia frente al presente y futuro. Repiten el mensaje: ‘resiliencia y Nunca más’.-

Guillermo Daniel Balbi / Periodista                                                                                            Agosto de 2013

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