Dr Raúl Ricardo Alfonsín y, ‘El sentido adiós al padre de la democracia’

Raúl Alfonsín -
Dr. Raúl Ricardo Alfonsín

La muerte de una querida y emblemática figura de la política

El reciente fallecimiento del ex Presidente de la Nación y líder natural de la Unión Cívica Radical -UCR-, Dr Raúl Alfonsín, puso de manifiesto numerosas muestras de afecto de la población. Personas de las más variadas ideologías políticas y ciudadanos apartidarios fueron sus seguidores por los valores que el carismático hombre de Chascomús tuvo en su extenso recorrido de militancia política y vida pública.

Una espontánea respuesta elegida por miles de argentinos al enterarse de su deceso fue hacerse presentes frente a su domicilio en la Av Santa Fe al 1600, y mientras algunos encendían velas en su memoria, otros le destinaban sus plegarias. Horas más tarde, muchos mostraban su sentimiento al encolumnarse en largas colas de lento avance para poder acceder a su velatorio en el Congreso Nacional; o sólo elegían estar frente a las puertas del cementerio como forma de sentirse más cerca del reconocido líder, para despedirlo y dar así fiel testimonio de profundo pesar, y ofrecer un sentido y justo tributo a quien pareciera haber sabido combinar el ser un hombre honesto y un demócrata probo.

En su haber, muchos le asignan el coraje necesario por haber comenzado a luchar por los Derechos Humanos, desde su estudio de abogado y en pleno gobierno militar, al recorrer en forma profesional estrados judiciales en busca de información sobre personas desaparecidas, y reclamar que se hiciera valer la ley, y hacer frente a la dictadura de aquel entonces; o la integración de un grupo de militancia multipartidaria que pedía el retorno al país del sistema democrático, cosa que logró en 1983 con el llamado a elecciones generales que hiciera quien presidía, el General Reynaldo Bignone.

Ya como primer mandatario, la creación de la Comisión Nacional de Desaparición de Personas -CoNaDep- organismo que tuvo a su cargo la investigación de los excesos cometidos por militares en la lucha contra la subversión. Dicha entidad después de meses de labor emitió un duro y extenso documento que luego se publicaría con el nombre de:Nunca más’, y que por ese entonces la ciudadanía bautizaba como: Informe Sábato’, ya que lo tuvo al reconocido escritor argentino, entre uno de sus integrantes. A esto le sucedería el posterior enjuiciamiento a las juntas militares por delitos de lesa humanidad cometidos en la que se daba en llamar “la guerra sucia”. Era la primera vez en la historia del mundo en que un gobierno civil juzgaba el accionar de otro de signo militar, y eso le valió el nombre de Presidente del Nuremberg Argentino’, como lo titularía en forma póstuma y en primera plana, un matutino de EEUU al anunciar su fallecimiento.

Entre otras medidas, supo dar un importante giro en las relaciones con el vecino Chile, al disponer un referéndum y lograr consenso popular para lograr una definitiva respuesta al problema limítrofe con el país trasandino, y evitar la guerra, situación que parecía ineludible en el anterior gobierno militar; o el haber llevado al Congreso de la Nación el proyecto de la ‘Ley de Divorcio’ y su posterior aprobación, la que hasta entonces era muy resistida por sectores conservadores.

Tal vez, de todos sus logros el más encumbrado haya sido el no firmar un solo “Decreto de Necesidad y Urgencia” -DNU- durante su gestión como primer mandatario, como tampoco tener ninguna denuncia por corrupción a lo largo de sus seis años en el cargo, ni después de terminado su periodo en el Poder Ejecutivo.

Era el estilo de un demócrata en el que Alfonsín brillaba. Le rendía honor a la República, y bregaba desde el gobierno por respetar la división de poderes, como el marco natural que tienen las instituciones de un país democrático, republicano, y federal. Su gobierno tuvo la mayor calidad institucional desde el regreso de la democracia al país.

Las críticas a sus desaciertos en materia económica fueron acompañadas por trece paros nacionales con movilizaciones que le hicieran los sindicatos. Su gestión soportó tres levantamientos militares, en mayo del ’87, y en enero y diciembre del ’88, a modo de presión para detener los juicios’ que se le hacían a camaradas de armas. Asimismo, la toma de un cuartel en La Tablada, por parte de un grupo de izquierda, batalla en la que hubo varios muertos y heridos.

También se lo calificó como referente internacional, dado que al retornar el sistema democrático a la Nación Argentina, le siguió Uruguay, Brasil, Paraguay y Chile. Tuvo fluidas relaciones con los presidentes Sanguinetti, Sarney, y Lagos entre otros. Algunos de ellos se dieron cita a la hora de despedirlo. Recordaron viejas anécdotas personales y, en todos los casos, citaron al hombre de bien, de destacados valores republicanos, y lamentaban la pérdida de un amigo. Los titulares de los diarios de todo el mundo contenían información al respecto de su muerte, sobremanera en países sudamericanos, España, Francia e Italia.

Más allá de cual haya sido la ideología del ciudadano argentino, fue un denominador común el respeto que este hombre se ganó tal vez por ser cristalino, creíble, o más aún, por tener la coherencia que exhibiera en su cargo al seguir recitando la letra del Preámbulo de la Constitución Argentina, cosa que hacía en cada acto de campaña y continuó realizando como jefe de Estado.  Quizás, esa coherencia que aparecía tanto al inculcar esos párrafos como al ponerlos en práctica desde la función daban muestras acabadas de sus fuertes convicciones cívicas. Tal vez, lo hacía como un viejo maestro de escuela quien sabe que la fórmula más necesaria es transmitir con el ejemplo y así educar a la ciudadanía. Se dedicó a la inusual tarea de enseñarle a todo un pueblo a vivir en democracia.

En la despedida, frente al mausoleo, se escuchaba  al viejo adversario político peronista Antonio Cafiero tributarle homenaje . No dudaba en decirles a los familiares y radicales presentes: “Alfonsín ya no les pertenece”. Ya para ese entonces, el personaje no era partidario. Había muerto un hombre histórico, prestigioso estadista político, pero sobre todo, un gran demócrata’. Caía la tarde y muchos lloraban la pérdida de un padre. Un pueblo entero había reconocido con honra y gratitud, a un ‘gran maestro argentino’.

 

Guillermo Daniel Balbi / Periodista                                                                                                 1° de abril de 2009

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